El brutal ascenso de El Mencho: a la caza del narco más salvaje de México, parte 1

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Una noche calurosa y húmeda de agosto del año pasado, dos hermanos mexicanos ricos salieron de fiesta en Puerto Vallarta. Iván, 35 años, y Jesús Alfredo Guzmán, 29, estaban de vacaciones en esa ciudad de veraneo desde hacía una semana. Era domingo, la noche antes del cumpleaños número 36 de Iván, y para festejar reservaron una mesa en un restaurante caro llamado La Leche. Ahí se les sumaron seis hombres y nueve mujeres -jóvenes, atractivos, bien vestidos, con Range Rovers y Escalades-, y se sentaron en una larga mesa iluminada a la luz de velas en el centro de la sala toda blanca, pidieron champagne y cantaron el “Feliz cumpleaños”. Tres horas después estaban cerrando la velada cuando, apenas pasada la medianoche, media docena de hombres con rifles de asalto aparecieron y los rodearon. Uno de los hombres armados obligó a Iván a arrodillarse, lo pateó fuerte en las costillas y lo hizo caer al piso. A Jesús Alfredo también le apuntaban. Los hermanos y los demás hombres fueron llevados a dos SUV que esperaban afuera y desaparecieron en la noche; a las mujeres las dejaron ilesas. Toda la operación duró menos de dos minutos; el dueño del restaurante más tarde la describió como “violenta, pero muy limpia”. Y así, sin que se disparara un sólo tiro, secuestraron a los hijos más jóvenes del famoso jefe del cartel de Sinaloa, Joaquín Guzmán, también conocido como “el Chapo”.

Los hijos del Chapo habían cometido el error de salir de fiesta en el territorio del rival más nuevo y peligroso de Sinaloa: un jefe advenedizo llamado Rubén Oseguera Cervantes, alias “el Mencho”. Ex policía del estado de Jalisco, quien alguna vez cumplió una condena de tres años en una cárcel en Estados Unidos por vender heroína, el Mencho lidera lo que muchos expertos consideran el cartel de drogas de mayor crecimiento, más mortal y, según algunos, el más rico: el Cartel Jalisco Nueva Generación, o CJNG. Aunque es básicamente desconocido en Estados Unidos, el Mencho fue acusado en una corte federal en Washington por tráfico de drogas, corrupción y asesinato, y actualmente hay una recompensa de cinco millones de dólares por su cabeza. Con la posible excepción de Rafael Caro Quintero -el viejo capo de la droga todavía buscado por la tortura y asesinato de un agente de la DEA en 1985-, es probablemente el principal objetivo americano en cuanto a narcotráfico se refiere. “Antes era el Chapo”, dice una fuente de la DEA. “Ahora, el Mencho.”

El CJNG existe desde hace apenas media década, pero con su vertiginoso ascenso, ya lograron lo que a Sinaloa le llevó una generación. El cartel estableció rutas de tráfico en docenas de países en seis continentes, y controla territorios que se despliegan por medio México, incluyendo ambas costas y ambas fronteras. “[El CJNG] incrementó sus operaciones como ninguna otra organización criminal de la historia”, dice un informe de inteligencia clasificado de México obtenido por el periódico El Universal. En mayo, el procurador general de México, Raúl Cervantes, los declaró el cartel más ubicuo del país.

El CJNG se especializa en metanfetaminas, droga que deja márgenes de ganancia mayores que la cocaína o la heroína. Al concentrarse en mercados internacionales lucrativos en Europa y Asia, el cartel al mismo tiempo mantuvo un bajo perfil en Estados Unidos mientras se hizo con unos fondos de financiación que algunos expertos calculan en 20.000 millones de dólares. “Estos tipos tienen mucho más dinero que Sinaloa”, dice un ex agente de la DEA que pasó años persiguiendo al cartel en México (y que pidió permanecer en el anonimato por razones de seguridad). Según otro investigador de Estados Unidos, “el Mencho ha sido muy, muy agresivo. Y hasta ahora, desafortunadamente, le sirvió”.



Aunque la mayoría de los estadounidenses quizás no se den cuenta, los carteles de México han sido debilitados de manera casi uniforme. Los célebremente aterradores Zetas -comandos que eran ex fuerzas especiales y que aterraban al país con mutilaciones y decapitaciones- fueron desgastados por costosas guerras territoriales y por el arresto de sus principales líderes. Los Caballeros Templarios y el Cartel del Golfo también han sido marginados. Incluso el poderoso Sinaloa cayó en luchas internas después de la reciente extradición del Chapo a Nueva York, cuando varias facciones, incluyendo a los hijos del Chapo, su hermano menor, y su antiguo socio Ismael “Mayo” Zambada, se disputaron el control.

Esta balcanización hizo que México fuera un caldo de cultivo para la violencia. Desde el arresto del Chapo en enero de 2016, la tasa de homicidios del país creció más del 20 por ciento, con 20.000 asesinatos el año pasado, más que en Irak o Afganistán. En los primeros cinco meses de 2017, la tasa de homicidios se incrementó otro 30 por ciento. Miles de estas muertes pueden anotarse como parte de las batallas territoriales del CJNG. Se descubrieron grandes sitios de entierro en los estados en los que el cartel ha sido más agresivo, como Veracruz, que el procurador general hace poco describió como una “tumba gigante”; en Colima, donde el CJNG y Sinaloa se pasaron todo el año pasado luchando por la supremacía, la tasa de homicidio se triplicó.

“En México te cruzás con tipos que conocieron al Chapo”, dice un agente de la DEA. “Pero no al Mencho. Es como un fantasma.”COMPARTILO

“Vimos cómo se puso muy sangriento, y mucha gente lo atribuye al Mencho”, dice Scott Stewart, un analista de cartel sénior en Stratfor, una compañía de inteligencia privada. “Donde sea que tratan de meterse a la fuerza, aparecen cadáveres.”

El Mencho también exhibió un salvajismo que es extremo incluso para los estándares narco. Para el declarado brutal Chapo, matar era una parte necesaria del negocio. Para el Mencho, parece más sadismo como un espectáculo público. Hubo asesinatos en masa, como cuando se arrojaron 35 cuerpos atados y torturados en las calles de Veracruz durante la hora pico en 2011. Dos años después, miembros del CJNG violaron, mataron y prendieron fuego a una chica de 10 años que creyeron (equivocadamente) que era la hija de un rival. En 2015, asesinos del CJNG ejecutaron a un hombre y a su hijo, que iba a la escuela primaria, detonando bloques de dinamita que les habían pegado con cinta en el cuerpo, y se reían mientras filmaban la espantosa escena con sus teléfonos. “Esto es estilo ISIS”, dice un agente de la DEA que ha investigado al cartel. “El modo en el que matan a la gente, los impresionantes números, no tiene parangón ni siquiera en México.”

La comparación con ISIS es instructiva por otra razón. Cuando el Chapo estaba en la cima del poder, después de las sangrientas guerras narco que había habido en México la década anterior, el país gozó de un período de relativa paz, lo que el novelista e investigador de la guerra narco Don Winslow llamó la “Pax Sinaloa”. Pero, un poco como creció el Estado Islámico a partir del vacío que quedó en la Irak post-Saddam, una consecuencia inesperada de haber arrestado al Chapo puede haber sido haberle abierto la puerta a algo incluso peor.

Sólo se conocen un puñado de fotos del Mencho, e incluso la descripción que tiene el Departamento de Estado de él es cómicamente anodina: mide uno setenta, pesa 75 kilos, ojos marrones, pelo marrón. Los romanceros del narco han festejado su supuesto amor por las motos rápidas y las peleas de gallos por 100.000 dólares -uno de sus apodos es “El Señor de los Gallos”-, pero, más allá de eso, es un enigma. “Después de 25 años trabajando en México, vos te cruzás con tipos que conocieron al Chapo, que hablan de él”, dice el ex agente de la DEA. “Pero del Mencho no se escucha nada. Es como un fantasma.”

De algún modo, el secuestro de los hijos del Chapo fue como la fiesta de bienvenida del Mencho. “El plan era matarlos”, dice una fuente de la DEA. “[El CJNG] iba a secuestrarlos, sacarles las confesiones que necesitaban, y después limpiarlos.”

Pero a último momento, el Chapo -en aquel entonces todavía encerrado en México- logró hacer un trato. A cambio de lo que la fuente de la DEA llama “dos millones de dólares y un montón de droga”, ambos hijos fueron liberados ilesos.

El pago del rescate fue en gran medida una ceremonia. “El Mencho no necesita la plata”, dice la fuente. “Estaba dando un mensaje. ‘Su viejo ahora está encerrado. No crean que son intocables’.” De Cancún a California, el mensaje quedó claro. El Mencho iba por el trono.

***

Jalisco es, en gran medida, el estado emblema de México. La música mariachi nació ahí, al igual que el tequila y los sombreros. El lema del estado es “Jalisco es México”. Durante décadas, el estado fue una zona neutra para los carteles: muchos narcos millonarios tenían una casa en la capital, Guadalajara -una ciudad colonial de postal apodada “La perla del Oeste”- mientras las ciudades balnearias como Puerto Vallarta eran lugares de vacaciones elegidos no sólo por capos narco sino también por políticos mexicanos.

Pero Jalisco, estratégicamente hablando, también contiene propiedades enormemente importantes para el negocio de la droga. Como la segunda ciudad más grande de México, y un gran centro de financiación y transporte, Guadalajara ofrece muchas oportunidades para lavado de dinero y reclutamiento. Jalisco también está junto a dos de los mayores puertos marítimos de México, Manzanillo y Lázaro Cárdenas, útiles para despachar toneladas de drogas. “Si tuviera que elegir un factor importante [que habilitó el ascenso del Mencho]”, dice el agente especial Kyle Mori de la división de Los Angeles de la DEA, “diría que fue haber tenido una gran ventaja geográfica”.


Miembros del CJNG, que los expertos ahora estiman que tiene un presupuesto de guerra de 20.000 millones de dólares. “El Mencho ha sido muy, muy agresivo”, dice un investigador de Estados Unidos. “Y hasta ahora le sirvió.”.

Mori, de 35 años, tiene el mentón prominente y es honesto, posee la amistosa autoridad de un guardaparques, pero de uno que porta una Glock. También es un “bulldog a la hora de las investigaciones”, según su supervisor, el agente especial a cargo James Comer, de la DEA. Antes de entrar en el organismo, Mori trabajó como oficial de patrulla de la oficina del sheriff del condado de Los Angeles en Compton. Ahora, como el principal investigador de la agencia respecto del CJNG -y el agente que ayudó a preparar la acusación contra el Mencho en 2014-, probablemente conoce el cartel mejor que nadie en todo Estados Unidos. “Estoy trabajando con estos tipos desde que empecé”, dice Mori. “Esto es lo que hago.”

La primera vez que el Mencho apareció en el radar de Mori fue una casualidad. En 2010, Mori trabajaba en un caso de lavado de dinero que no estaba relacionado, con un agente de Guadalajara que le contó de un nuevo objetivo, un nuevo cartel: “Son un gran problema acá en Jalisco. Cuando agarren al Chapo, estos tipos van a dominar”.

En esa época, los CJNG se hacían pasar por salvadores. Bajo el nombre de Mata Zetas, se vestían con ropa negra paramilitar y posteaban videos de propaganda en los que decían estar luchando contra los Zetas por la gente de México. “No extorsionamos, secuestramos, robamos, oprimimos ni perturbamos el bienestar nacional de ninguna manera”, anunciaban en un video. “Nuestro único objetivo es terminar con los Zetas.”

Pero Stewart, de Stratfor, dice sobre la guerra narco: “No hay Robin Hoods en México”. Al poco tiempo se reveló que el CJNG no estaba formado para nada por buenos tipos, sino que era otro cartel tratando de proteger su imperio naciente de metanfetaminas.

En un cable diplomático de 2008 (“Ciudad química: Guadalajara, Jalisco, y el negocio de la metanfetamina”), un oficial de Estados Unidos detallaba cómo Jalisco se había transformado en la capital mexicana de las drogas sintéticas. A diferencia de la heroína o la marihuana, la metanfetamina no requiere grandes campos de tierra ni buen clima, sólo zonas aisladas en las que construir laboratorios. Guadalajara también tiene una creciente industria farmacéutica, con químicos jóvenes con mucho conocimiento. Y después están los puertos del Pacífico, que le permitieron al CJNG entrar grandes cantidades de químicos precursores desde India y China, y sacar el producto terminado.

“Estos tipos se dedicaron a la metanfetamina desde temprano y en grandes cantidades”, dice Stewart. “Además, entienden de economía: a diferencia de la cocaína, que tenían que comprarles a los colombianos, con la metanfetamina controlaban el plato fuerte de las ganancias.”

Pero según un analista de la DEA, “el problema con los tipos de la metanfetamina es que están desatados”. En comparación a los carteles más establecidos, el Mencho y el CJNG eran “chicos de campo que se ganaron su reputación cortando pseudoefedrina”, dice el analista. “No tuvieron que agasajar a proveedores bolivianos, ni viajar a Sudamérica para hacer negocios. No son sofisticados. Son muy rústicos.”

Pero a medida que el Mencho construía rápidamente su negocio, su operación se fue complejizando. Invirtió grandes sumas en submarinos, que usó para traer narcóticos de Sudamérica. (Según el ex agente de la DEA, incluso contrató a ingenieros navales rusos para que colaboraran con el diseño de los submarinos.) Evitó el control americano enfocándose en mercados internacionales como Australia, donde -como explica Mori- un kilo de cocaína puede costar el triple que en Estados Unidos. (“Mandás cinco toneladas a Australia y es como hacer 20 acá”, dice). El Mencho también empleó técnicas más terrenales, como usar chicas que trabajan como modelos para meter drogas en otros países. Según el ex agente de campo, los traficantes del CJNG posaban de fotógrafos de revistas, con credenciales falsas y todo, y viajaban a México con “talentos” de Colombia y Venezuela. Las autoridades se distraían tanto con las mujeres que las drogas entraban perfecto.

El Mencho aprovechó su poder usando las herramientas de la corrupción y la intimidación. Miembros del CJNG capturados declararon cómo odia la desobediencia y le gusta hacer que sus víctimas rueguen pidiendo perdón antes de matarlas. “Este es un tipo que podría ejecutar a toda tu familia basándose en no mucho más que un rumor”, dice una fuente. “No tiene ninguna consideración por la vida humana.” Según otra fuente que conoció al Mencho, es un astuto hombre de negocios que no toma alcohol, no tiene amantes como otros líderes de carteles, y no confía en casi nadie.

El ex agente de campo dice que escuchó muchas conversaciones telefónicas pinchadas del Mencho hablando con subordinados del cartel. “Estos tipos también son asesinos, y le tenían miedo”, dice el agente. “Les daba órdenes. No creo haber escuchado ninguna llamada en la que estuviera tranquilo. Pero tampoco es un loco. Los gritos eran muy controlados. Sabía lo que estaba haciendo.”

La ferocidad del Mencho inspiró una devoción similar en sus tropas. “Una vez hubo un tiroteo grande en una feria”, recuerda el ex agente. “Alguien tiró una granada, y algunos tipos [del CJNG] se echaron arriba para evitar que mataran al Mencho.” Según el agente, la crueldad del Mencho también hizo difícil reclutar personas para luchar contra él. El agente una vez tuvo una fuente que llegó cerca, tenía una dirección del Mencho. Pero cuando el cartel se dio cuenta de que estaba soplando, lo secuestraron junto a su hijo adolescente. “Encontraron el cuerpo del padre un mes después”, dice el agente. “Lo habían torturado. Nunca encontraron al chico.”

El Mencho también compró policías. El gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, dijo que cuando asumió, la “mayor vulnerabilidad [de su estado] era la infiltración del crimen organizado” en sus fuerzas policiales. Según un informe de Reuters, en un punto el CJNG tenía más de la mitad de la policía municipal de Jalisco en su nómina, con pagos que en algunos casos eran de cinco veces más que sus salarios. “La gente dejó de confiar en la policía”, dijo el procurador general de Jalisco, Eduardo Amalguer. Y a los policías que el Mencho no podía comprar, los intimidaba. Según el ex agente de campo de la DEA, el CJNG inspiró un enorme nivel de miedo en la policía mexicana, mucho más que la mayoría de los carteles. “Le tenían miedo [al Mencho]”, dice. “No querían enojarlo.”

En otra oportunidad (jamás reportada publicamente), el Mencho le mandó como advertencia la cabeza de un chancho al procurador general en Ciudad de México. “Se la dejaron en la puerta, en una heladera portátil”, dice el ex agente. “Me sorprendió que sólo fuera un cerdo.”

Una llamada telefónica filtrada recientemente muestra cuán tranquilamente el Mencho amenaza con violencia. En la grabación, se lo puede escuchar hablando con un jefe de policía local (siglas de identificación “Delta Uno”) cuyos oficiales aparentemente seguían demasiado de cerca a la gente del Mencho. Una versión reducida dice lo siguiente:

MENCHO: ¿Delta Uno?

JEFE: Ey, ¿quién habla?

M: Mira bien, hijo de tu puta madre. Soy Mencho, güey. Relaja tu puta gente a la verga, si no te voy a partir hasta tu… Hasta tus putos perros te voy a matar, si no te relajas, güey.

J: Ya está, señor, ahorita los bajo.

M: No cuelgues, hijo de la verga. Te tengo ubicado, estuviste en Chapala, güey [un suburbio rico de Guadalajara].

J: No, señor, no se trata de eso.

M: Si quieren amistad, aquí van a tener un amigazo, cabrón. Si no, a chingar a su madre a la verga.

J: Señor, usted me conoce. Ahorita voy a marcar. Lo voy a marcar a este número que me está marcando…

M: No, no, no. No me vuelvas a marcar. Yo le marco cuando yo pueda. Pero no me lo apague porque lo voy a entender como negativo.

J: No, señor. Usted me conoce, usted sabe que hay respeto.

M: De aquí para allá también. Disculpas por las malas palabras.

***

Mientras el CJNG seguía incrementando sus operaciones, la DEA estaba preocupada con el cartel de Sinaloa del Chapo, haciendo que el Mencho pudiera mantenerse fuera del radar. “Todos los cables, todos los informes de inteligencia, estaban enfocados en el Chapo”, dice el ex agente. “Los jefes en Washington decían: ‘Nunca escuchamos del CJNG’. No sabían que eran importantes.” Como resultado, en parte, la investigación de Mori tuvo dificultades para ganar terreno. “Llegamos a un punto muerto”, dice. “No nos acercamos al Mencho, no conseguimos fuentes, no pudimos grabar a nadie. Sabíamos que estaba este pez gordo, este narco que seguía creciendo, pero no teníamos apoyo para investigarlo.”

Así que el caso pasó a un segundo plano, y durante los siguientes años, el CJNG se volvió un tema secundario. “Alguna gente en las oficinas centrales y en México vio lo que estaba pasando”, dice Mori. “Pero si le preguntabas a la mayoría de los agentes de la DEA [en ese entonces] si sabían quién era el Mencho, te decían que no.”

Aun así, apenas un par de años después, este antiguo criminal de poca monta se transformaría en el capo más buscado del planeta, con un ejército de 5.000 soldados -más o menos el mismo tamaño que la DEA- y una ganancia personal que se acercaba a los mil millones de dólares. “¿Cómo hace alguien para pasar de ser un tipo que vende droga en la calle a ser uno de los traficantes más prolíficos y buscados del mundo?”, pregunta Mori.

La respuesta es: va a Estados Unidos.
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