Video; "Hasta los dientes"; ejecución de estudiantes del Tec de Monterrey, el "ejercito apreto el gatillo y los muertos no declaran""

- 19:41:00


Un vídeo gris de una cámara de seguridad muestra cómo un joven entra corriendo a las instalaciones del Tec de Monterrey. Habían disparado a su amigo y estaba pidiendo ayuda. No volverá a aparecer. En una de las universidades privadas más importantes de México se acababa de cometer uno de los peores y más crueles crímenes de la guerra contra el narcotráfico. En el campus de Monterrey (noreste del país) murieron asesinados el 19 de marzo de 2010 dos estudiantes. Y el que apretó el gatillo no fue un capo de la droga, sino el Ejército mexicano. "Los muertos no declaran".

El documental Hasta los dientes, que dirige Alberto Arnaut, narra cómo la metralla de aquella guerra alcanzó también a la población civil, a quien pretendía salvar. Dos estudiantes yacían en el piso de una institución académica sagrada sujetando, ya muertos, dos armas largas. Nadie dudó entonces de que habían ejecutado a dos sicarios. Y lo celebraron. En esos momentos de terror, un asesino menos en las calles era recibido como una victoria para el país. Pero ellos no eran narcos, eran dos alumnos que se habían quedado hasta tarde estudiando y habían salido a por algo de comida. En la puerta de su universidad les alcanzaron los balazos. Podría haber sido un error fatal, pero no lo fue.

Unas imágenes tomadas por testigos de los hechos y por cámaras de televisión, que incluye el documental, muestran cómo allí cualquiera podría haber acabado igual. En medio de una gran avenida de esta ciudad industrial se había abierto un frente de guerra. Metralla y granadas. Los coches daban rápidamente marcha atrás, una moto perdió el control y se estrelló contra un muro, ninguna autoridad impidió que la población se interpusiera entre las balas de los militares y los sicarios. Y allí en medio estaban Jorge Mercado y Javier Arreondo.

Según muestra Hasta los dientes, que utiliza los detalles del expediente del caso, las imágenes de las cámaras de seguridad, testimonios de testigos, de las familias, declaraciones del personal de seguridad de la institución y de las autoridades de Gobierno, Jorge y Javier fueron ejecutados de manera extrajudicial. Javier había sido herido por unas balas perdidas de aquel enfrentamiento. Pero Jorge estaba todavía vivo. Los militares se dieron cuenta de su gran error. Aquellos jóvenes no tenían pinta de asesinos. Llevaban unas mochilas, salían a comer. Pero, como señala un militar que interviene en el documental: "Los muertos no declaran". Esas eran las ódenes de aquel Ejército entrenado para exterminar en las calles a los miembros del crimen organizado. Y acabaron los dos muertos con un balazo recibido a un metro de distancia. Un tiro de gracia. Les propinaron unos golpes y construyeron una escena del crimen a su medida: cada uno agarraba un rifle.
Un estudiante recuerda ver a un señor del personal de mantenimiento de la universidad limpiando la sangre a la mañana siguiente. Unas horas más tarde, el centro continuó con su actividad habitual. Las familias de aquellos dos jóvenes buscaron incansablemente a sus hijos en cada rincón de la ciudad. Los muertos no eran ellos. Los muertos eran dos sicarios. El Tec insistió —aunque supo la verdad desde aquella misma noche— en que lo sucedido no tenía nada que ver con ellos. En el Instituto Forense les mostraron otros dos cadáveres. "La tirada era hacerlos pasar por desaparecidos", reconoce el que entonces era procurador de Justicia de Monterrey en el documental.

Una ilustración basada en la fotografía real de la policía del hallazgo de los cuerpos.
Una ilustración basada en la fotografía real de la policía del hallazgo de los cuerpos.


Pero aquel caso escaló las cotas más altas de indignación nacional. Había demasiados cabos sueltos en aquel suceso. Y las autoridades terminaron por reconocer lo impensable: habían asesinado a sus hijos.

Arnaut no iba a estudiar cine. Había estudiado la carrera de Comunicación cuando se enteró de que habían asesinado a Javier. Lo conocía desde pequeño porque era del mismo pueblo que su padre, Todos Santos, un municipio de Baja California Sur. Pensó que debía hacer algo para limpiar el nombre de su amigo. Un vídeo corto contando quién era. Pero pronto se dio cuenta de que aquello debía ser algo mucho más elaborado. Fue entonces cuando decidió hacer un documental sobre uno de los casos que más irritó a México en aquellos años. Se matriculó en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos y dedicó toda su carrera a elaborar este documental. Ocho años después de lo sucedido, este director de 31 años ha estrenado en las salas de cine mexicanas su ópera prima.
"Mi intención era no dar tregua al espectador", cuenta Arnaut en una entrevista a este diario. Las más de dos horas de película mantienen al público amarrado a la silla, con los ojos abiertos y un nudo en la garganta. Rabia es lo que se respira al salir de la sala de cine. En México,  es difícil lograr este sentimiento, un país que ha tenido que soportar durante años que cada crimen sea más injusto que el anterior.

"El caso de Jorge y Javier fue una ejecución extrajudicial, pero intentó ser una desaparición forzada, que no se encontraran los cuerpos y que se fueran a la fosa común. Describe muy bien cómo operan las autoridades en este tipo de situaciones y luego cómo hacen el control de daños, con información falsa o, cuando resulta inevitable, lo tratan como un evento trágico, hagamos placa, homenaje y tratemos de olvidar. Tiene todos los elementos que hemos visto en Jalisco con los jóvenes asesinados y en Tamaulipas con la Marina", explica Arnaut.

Poco después de que el país observara el brutal asesinato de tres alumnos de cine de Guadalajara (Jalisco) —torturados a golpes y disueltos en ácido después—, que despertó los demonios de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa (Guerrero) en 2014, llega Hasta los dientes, un proyecto que recuerda que en México cualquiera puede encontrarse en el peor momento y en el lugar más siniestro. Y nada sucederá después, solo hay tres militares detenidos por el caso de Jorge y Javier, ninguno con una sentencia. Ni un alto mando acusado. El jefe militar de aquel operativo, el general Cuauhtémoc Antúnez, recibió en 2015 el cargo de secretario de Seguridad Pública del gobierno de Jaime Rodríguez, El Bronco, candidato hoy a la presidencia de México.

El documental supone también una dura crítica de la Ley de Seguridad Interior, una medida polémica que han denunciado cientos de asociaciones civiles —además de la ONU y la Organización de Estados Americanos (OEA)— pues según ellas, perpetúa el papel del Ejército en las calles, realizando el trabajo propio de la policía. Con la aplicación de esa nueva legislación, la verdad sobre un caso como el de Jorge y Javier podría no ver nunca la luz.
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