ENTRADAS RECIENTES

La cárcel de Los Zetas



La cárcel de Los Zetas

Ramón Burciaga Magallanes, El Maga, fue nombrado por Los Zetas “comandante y jefe” del Cereso de Piedras Negras. Se trataba de un ex policía municipal acusado de secuestro. El año era 2009. Gobernaba Coahuila el priísta Humberto Moreira.

Durante los tres años siguientes, El Maga fue el amo absoluto de aquel centro de reclusión. “Absoluto” quiere decir que elegía, para sostener relaciones sexuales, a “esposas, hermanas o familiares de internos”.

Que cobraba cuotas por las celdas y tenía el control total de la venta de drogas y de otros productos. Que utilizaba las instalaciones de la cárcel como taller automotriz para instalar “clavos” o compartimientos en los que se enviaba droga a Estados Unidos. Que podía tener armas consigo y algunas veces disparaba por diversión a los guardias de los torres.

Que “mandó electrocutar a un joto (…) porque lo vieron coger (se) a otro vato”. Que le estaba permitido salir de la cárcel por la mañana “para tomar café y leer los periódicos, comer por la tarde en un buen restaurante y regresar a su celda en la noche”. Que podía emplear las áreas que se hallaban bajo su control para mantener cautivas, en tanto se negociaba su rescate, a personas que Los Zetas habían secuestrado.



Y también, que usaba el Cereso para torturar y ejecutar a sus rivales, así como para desaparecer cadáveres.

Según un reporte de El Colegio de México presentado ayer por Jacobo Dayán y Sergio Aguayo, Los Zetas capacitaron al “encargado” de la cárcel de Piedras Negras en la quema de cuerpos: “Metieron un cadáver en un tanque de 200 litros que ellos traían en sus trocas… y ahí le echaban diesel y luego lo prendían”, afirma uno de los expedientes consultados por los investigadores (el APP 05/ 2014 BIS de la subprocuraduría de investigación y búsqueda de personas no localizadas, atención a víctimas, ofendidos y testigos del estado de Coahuila).

Tiempo después Los Zetas entregaron al “encargado” 12 cuerpos, y éste y su gente los desaparecieron. A veces, “cortaban a las personas en pedazos, las ponían en tambos y las quemaban”: “Las personas se iban haciendo chiquitas y se les iba picando con un fierro hasta que no quedaba nada”, se lee en el reporte.

Cuando llegaban cuerpos o personas, los custodios desaparecían y encerraban al resto de los reclusos en los módulos de seguridad. A quienes eran enviados con vida a la cárcel se les asesinaba a martillazos o con tiros en la nuca.

El informe El Yugo Zeta. Norte de Coahuila 2010-2011 detalla que el “encargado” del Cereso tenía más de 90 colaboradores. Le ayudaban a “que todo estuviera tranquilo” y “funcionara bien la venta de droga entre internos”.

Entre los colaboradores había 20 “cocineros” que desaparecían los cuerpos, 9 vendedores de droga, y 8 reclusos dedicados a crear compartimientos secretos en los coches. Había también 6 lugartenientes, 10 escoltas y 3 mandaderos.

Cuatro personas eran las responsables de cobrar por la venta de drogas. La cobranza se efectuaba los domingos en la noche. Existen testimonios que afirman que un reo que se retrasó en los pagos fue golpeado y ahorcado.

En los años de esplendor de Burciaga Magallanes (a quien el reporte no menciona por su nombre, documentado en cambio en diversas investigaciones periodísticas) había en el Centro de Rehabilitación Social de Piedras Negras 655 internos. Los custodios llevaban ante él a los de recién ingreso para que les leyeran la “cartilla” y les dieran “una chinga”.

Los Zetas tenían una cárcel dentro del Cereso. Era conocida como “el monte”: allí metían a los secuestrados y los internos que El Maga castigaba por diversas “faltas”. Mientras los custodios estaban desarmados, Los Zetas llevaban armas cortas y aparatos de radiocomunicación.

El reporte indica que la cárcel fue empleada como refugio de “los jefes grandes”: El Z-42, Omar Treviño, iba a esconderse ahí cuando la Marina realizaba operativos en su contra.

La prisión entera fue comprada por el grupo criminal, desde los directivos hasta los custodios. Un espacio que se hallaba bajo la responsabilidad del Estado se convirtió en el reducto más seguro de Los Zetas, y en la cantera en la que reclutaban nuevos sicarios.

En aquellos días, el jefe regional del cártel era David Alejandro Loreto Mejorado, a quien por su estatura apodaban El Comandante Enano —y por cuyo sadismo obtuvo un segundo mote: El Diablo.

Fueron los años en que la violencia en Coahuila alcanzó niveles sin precedentes. Fueron los años en que gobernó Moreira.

Con información de El Universal
Advertisement
BERIKAN KOMENTAR ()