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Ejecutan a capo pesado en pleno carnaval de Mazatlan

Mazatlán, Sinaloa.- Eran aproximadamente las 10:30 horas del domingo 10 de febrero del 2002 cuando elementos de la Policía Ministeri...

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Mazatlán, Sinaloa.- Eran aproximadamente las 10:30 horas del domingo 10 de febrero del 2002 cuando elementos de la Policía Ministerial perseguían a los cinco ocupantes de un vocho blanco, con placas VFY 6068, de Sinaloa, todo porque circulaban en sentido contrario por la avenida Rafael Buelna cerca de la Zona Dorada.

El vocho blanco es conducido hacia el estacionamiento de un hotel donde lo abandonaron.

Luego se dispersaron entre los negocios de la calle Bugambilias.

Dos tipos se ocultaron en una farmacia donde hacían como que compraban y hojeaban las revistas, a la vez que intentaban pasar desapercibidos.

Marcos Assemat Hernández y Sergio Reyes alcanzaron a huir hasta un restaurante , ahí fueron detenidos momentos después.

EL TIROTEO

Ángel Antonio Árias Torres, el entonces comandante de la Policía Ministerial, se topó metros antes de llegar a la farmacia con alguien que se identificó con un gafete de la Procuraduría General de la República a nombre de Jorge Pérez López; en realidad era Ramón Arellano Félix.

Este aprovechó el momento en que el comandante bajó la guardia para dispararle en dos ocasiones en el pecho. Las balas hicieron su parte. Cuando Ángel Antonio Arias Torres caía casi muerto reacciona y dispara contra el supuesto agente de la AFI a quien le asestó una bala en la cabeza. El comandante quizá no supo a quién “se llevó por delante”. Ambos cuerpos cayeron muertos sobre la banqueta y guarnición afuera de una farmacia.

El sujeto que acompañaba a Jorge Pérez López, Bernardo Rochín (Efraín Quintero Carrizona), intentó huir, pero se topó con un grupo de ministeriales quienes le dispararon al tenerlo de frente; y aunque este fue auxiliado por paramédicos de la Cruz Roja, murió minutos después a bordo de la ambulancia. Lo acribillaron.

El cuarto sujeto, Manuel López López, fue detenido dentro del hotel Plaza Gaviotas.

EL RECUERDO

Era domingo de Carnaval. Llegó primero y tomó las gráficas de los dos muertos que yacían sobre una banqueta. No sabía de qué se trataba. “Cuando llegué, los policías me impidieron hacer mi trabajo. Me dio mala espina y pensé que se trataba de algo fuerte.

"Pensé que habían matado a una persona importante”, dijo el entrevistado quien en su mirada vivía el momento como si estuviera bajando del Volkswagen que manejaba para cubrir la sección Policiaca y Nota Roja para el periódico EL DEBATE de Mazatlán. Agregó que el tiempo pasó y se cubrió lo que ocurrió. Al descubrirse quién era, me asombré al pensar que sí se trataba de una persona importante, dijo el entrevistado.

En todos los eventos policiacos se hace una foto del rostro de la persona y luego se hace una fotocomposición, finalizó.

Cambió el lugar. Hoy la calle Bugambilias esquina con Gaviotas, antes Rodolofo T. Loaiza en la Zona Dorada, existe un hotel.

En ese entonces fue una esquina conformada por una farmacia y algunos negocios. La calma abundaba ahí. Con el paso de los años esos establecimientos fueron demolidos para ampliar el hotel.

Años más adelante, después de la muerte de Ramón Arellano, la esquina de Bugambilias y Gaviotas sirvió de narcotours para los choferes de pulmonías, taxis, safaris y aurigas. No hubo persona que visitara el puerto y no deseara conocer el lugar donde Ramón cayó para no levantarse jamás.

De hecho, hasta la banqueta fue remodelada en su totalidad. La misma escena del crimen cambió rotundamente.

Lo de más es historia. Tras la muerte de uno de los capos de mayor renombre a nivel mundial, líder del notorio cartel de los Arellano Félix, que a partir de este hecho dejó de ser de los más nombrados.

Poco a poco el tiempo transcurrió, y lo sucedido en el puerto en el año 2002 quedó, al parecer, en el olvido, al igual que los occisos y los detenidos. En ocasiones al tocar el tema entre quienes vivieron esos momentos, existen decenas de preguntas sin respuestas. Algunos policías que tuvieron participación en el arresto de los gatilleros, y el posterior decomiso del fuerte armamento que se les aseguró a los mismos, revelan que jamás se imaginaron estar de frente al cuerpo inerte de Arellano Félix, quien entre el mundo del narcotráfico quizá se ganó el respeto y la enemistad de muchos.

El hombre que según los narcocorridos que le compusieron implicaba seguridad y valor, dejó de ser de un momento a otro esa figura que imponía temor. Ramón Arellano Félix pasó a ser un mortal más. Las noticias lo gritaron por días: Ramón Arellano Félix, murió.
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