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"Bienvenidos al VIP de arraigo" a mujeres narco Zetas donde estuvo zhenli ye gon me bajaron el pantalón y me dieron toques en el recto parte 2



Recordé sus uniformes de la escuela, los anuncios de cereales de la televisión y el día donde 1 de ellos se rompió un brazo al caerse de un columpio. Pensé sobre mi madre que acababa de morir y del día que me alivié del más chico.

Empezaron a interrogarme, me decían que si cooperaba no me pasaría nada. Les dije mi identidad, mi ruta, mi oficio. Sólo pensaba adonde me iban a liquidar. 1 de ellos me dijo: “Mira, pinche güerita, no creas que por ser fémina te vamos a tener consideraciones”. Cómo cambian las cosas. Veinte minutos antes a yo estaba fumándome un cigarro, pensando sobre lo hermoso que era ser mamá y actualmente estaba golpeada, con los nervios a punto de estallar y encadenada con unos grilletes de pies y manos.

Siguieron haciéndome preguntas, pero ya no sabía qué responder. Escuché que dijeron: “Ahorita te vamos a ayudar a que recuerdes”. Me empezaron a golpear con el puño encima de la nuca y sobre la espalda, muchas veces, aparte, me agarraban las nalgas. Me sacaron de la residencia y me subieron a una furgoneta. Me preguntaban si portaba algún tipo de pistola. Se me hizo ridícula la pregunta, no trasladada ni bolsa, pero todo era para tocarme los senos con el pretexto de que buscaban una navaja.

La furgoneta se detuvo de repente, se escuchaba un eco e imaginé que habíamos llegado a las instalaciones de alguna dependencia. Me arrastraron a una especie de celda en que lo único que lograba ver eran zapatos y pies descalzos. A unos metros de adonde estaba se lograba escuchar que golpeaban a una persona que gritaba mucho. Me asusté y sólo se me se indicó sentarme en el piso y hacerme bolita, empezaron a patearme la cabeza diciéndome: “Párate bien, pendeja, aquí no es un hotel”.

Cada media hora me metían a un cuarto y me decian que cooperara. Siempre estuve tapada de la cara y con cadenas sobre el cuerpo. Jamás tuve a un abogado, jamás leí la confesión que me hicieron firmar. Nada lograba ser más humillante hasta que inició a bajarme el periodo. 5 días sin poder cambiarme de ropa, sin saber por qué estaba en los separos de una agencia Federal. 

El sexto día, junto con otras inocentes, me sacaron de la celda y nos subieron a un rino, esos que parecen tanques de guerra.

Parecíamos sardinas, todos apretados. Nos dijeron que nos llevarían a Veracruz, pero nos trasladaron a la ciudad de México, lo supe porque mientras se me movió la venda de los ojos pude ver pasar una mancha naranja, a modo de un tren, era el Metro.

2 meses posterior a de estar arraigada me otorgaron auto de formal prision. En el momento que llegué aquí al Cereso de Mexicali pesaba 87 kilogramos, actualmente peso 52. Me siento peor de lo que debe sentirse un pájaro enjaulado. Estoy encerrada en una celda con 20 compañeras todo el día. A veces peleamos por el maquillaje porque no hay, o los ánimos se calientan, a veces todas nos encontramos tan deprimidas que solamente lloramos.

Aquí algunas de las custodias son lesbianas. El día que llegué lo primero que me rogaron fue que me desnudara y que hiciera 50 sentadillas, jamás entendí el motivo. He aprendido a valorar todo encima de la vida, desde el pedazo de suelo en que duermo hasta un plato de frijoles o 2 tortillas. Espero salir libre algún día, soy inocente, mi delito es haber tenido un amigo que sí trabajaba a manera de halcón, pero yo no.

Vero fue sentenciada en el 2012, posteriormente de estar recluida aproximadamente 3 años. Su castigo definitivo fue de 25 años por ser cómplice de delito agravado en primer grado.

BERTHA TERESA

Sé que no estoy muerta porque engordé siete kilogramos actualmente que estoy recluida. 

Salí a bailar y beber whisky acompañada de mi novio y mi hermano, y terminé 3 horas despues en un avion que iba desde donde resido (Poza Rica, Veracruz) a Mexicali.

Los hechos:

Apenas iba comenzando una canción de cumbia y en menos de lo que canta un gallo, abrieron la entrada del bar y accesarón  veinte integrantes de la marina acorazados con metralletas y encapuchados. Después tras nos intimidaron con disparar si nos movíamos: “Marina Armada de México, tírense al suelo, hijos de su puta madre”, nos dijeron; posteriormente nos gritaron que nos pusiéramos de rodillas y que cerráramos los ojos. Ahí inició la madrugada más larga de mi vida, una madrugada que todavía no termina. Lo último que vi primeramente de que me subieran al microbús, me vendaran los ojos y me amarraran, es que éramos mas de 15 sujetos las apresados.

Luego de que nos sacaron del bar nos transportaron a las instalaciones de la Marina; jamás vi nada porque siempre estuve vendada de los ojos. Los integrantes de la marina me robaron mis joyas, amenazaban con violarme, me dieron descargas eléctricas encima de todo el cuerpo y me introdujeron en una celda del tamaño de una casa para perro en el cual me daban de comer en el suelo. Toda la madrugada escuché golpes y gritos que me llenaban de pánico. A cada rato me preguntaban mi identidad, mi ruta y a qué me dedicaba.

Pasaron las primeras 8 horas, comenzaba a amanecer mientras me sacaron de mi pequeña celda y me desvistieron; alcancé a escuchar a mi hermano que gritaba que no me hicieran nada. Me vistieron y me regresaron al hogar de perro. Sentí el calor del sol y supe que estaba amaneciendo, por lo tanto escuché que sobrevolaban unos helicópteros y muchas voces de personas que bajaban de ellos.

Me llevaron de comer, pero como me negué me lanzaron la comida al suelo. 2 días despues me sacaron arrastrando de mi celda y a empujones me subieron a un helicóptero que estaba lleno de gente, no veía nada.

Nos bajaron del helicóptero y llegamos a otro sitio que siempre he pensado que era un tipo de carcel. Todo lo que cuento lo digo desde la oscuridad. Jamás miré nada. Pensé que ya me soltarían, pero me transportaron a las oficinas de la PGR y me leyeron un parte informativo íntegramente falso. Me denunciaron de portar narcótico con fines de distribución, y de pertenecer a una banda delictiva.

3 días despues me permitieron hacer una llamada telefónica a mi domicilio. Me enteré que aprovechando los datos que di de mi casa a los de la Marina, ellos ingresaron a mi residencia, golpearon a mis padres, se robaron 2 televisiones, celulares, computadoras, la comida del refrigerador y hasta ejecutaron a mis pericos que eran mis mascotas. Por fortuna a mi hija de 3 meses de nacida no le hicieron nada.

De un día a otro perdí a mi hija, a mi madre, mi empleo. Estoy aquí sin justicia, presa, sin resolución de ninguno. Mis hechos es a manera del de muchas compañeras, permanecemos recluidas por amor, a pesar de que suene ridículo. Por un individuo terminamos presas. No sé si lo que se diga de mi novio sea verdad, pero poco me interesa a estas alturas. La única certeza que tengo es que a mi hermano y a mí nos arrebataron la vida. Es como estar muertos en vida.

Nadie me visita, mis padres sólo me hablan por teléfono o me manda dinero. A mi niña la dejé de ver en el momento cuando ella tenia 3 meses, la última vez que la vi fue la primera navidad que pasé aquí. Me la obtuvieron que quitar de los brazos en el tiempo que la visita se finalizó. Esta es mi historia narrada desde los patios del Cereso Femenil de Mexicali, el M15, a modo de le decimos a esta área. 

Constantemente pienso sobre un plato de mariscos y una cerveza bien helada. ¿Qué pensarían mis antepasados, los totonacos, al verme tan lejos de domicilio?

Me llamo Bertha Teresa. 

Tengo 25 años. Estoy muy lejos de mi casa, cada que lo pienso me dan ganas de vomitar por la inseguridad. Actualmente sé que fui apresada sobre unas movilizaciones en el cual capturaron a 80 elementos de Los Zetas, entre los cuales destacan mi novio. 

Los acusan de secuestro, asesinato, clonación de tarjetas bancarias y robo de vehículos. Mi abogado, que era el principal del despacho en donde trabajaba, dice que puedo quedar libre  de un segundo a otro ya que los cargos que se me imputan se han desvaneciendo, y de ser acusada de delincuencia organizada sólo me queda tenencia de narcótico. Soy inocente, simplemente estaba en el lugar equivocado. Han pasado  2 años y medio desde el 27 de agosto de 2011.

LAURA ISABEL

Me sentenciarán a 70 años de presidio por delincuencia organizada, secuestro y venta de narcóticos. Tengo 25 años años de edad. A mí y a mis compañeras se nos vincula con el cártel de la última letra, pero conmigo es diferente: Yo sí admito haber pertenecido a esa organizacion. Lo único que no admito son los asesinatos que me achacan. Si bien es cierto que era jefa de un conjunto de halcones, es decir, gerente de espiar a los soldados para posteriormente comunicarle cada 1 de sus movimientos a mis superiores, mi chamba hasta ahí llegaba, jamás secuestré ni maté a ninguno, sin embargo sí vi  muertos encajuelados de diversos automóviles. Tengo 2 años en este cárcel de Mexicali, y soy  del puerto de Veracruz.

Recuerdo de la última mañana con mi esposo y mis 2 hijas. 

Abro los ojos y en el buró, junto a mi cama, veo un recado que dice: “Mi amor, hoy es un día muy importante, gracias por compartir tu vida junto a la mía. Te tengo una sorpresa. Besitos”. -¿Cómo pude ser tan distraída? Había olvidado nuestro aniversario.

Por ser un día importante mi esposo y yo habíamos concluido romper la rutina y pasar un instante a solas en algún motel. Así lo hicimos, para no preocuparnos de que  en cualquier momento alguna de nuestras pequeñas  podria sorprendernos y vernos. 

Tal vez fue la peor desicion que tomé en mi vida. ¿Quién iba a pensar que estaba a punto de perder a mi familia y mi libertad?

Despues de estar dos horas en la habitación del motel escuché que abrieron la entrada eléctrica de la cochera del cuarto. Le pregunté a mi esposo si había pedido servicio a la habitación y me respondió que no, moviendo la cabeza. Nos quedamos sobre silencio y atentos, sabíamos que en cualquier momento tocarian la puerta.

De pronto vimos una luz blanca que se hacía más intensa, después tocaron más fuerte y dijeron: “Somos las fuerzas especiales de la Armada”. Nos miramos el 1 al otro encontrados, pensando: ¿De verdad dijeron eso?, ¿escuché mal? De nuevo tocaron con la cual rudeza, pero dijeron: “¡Si no abren la entrada la tiramos”. Me vestí a manera de pude, llena de pavor y corrí´ hasta la entrada para abrirla. Eran algunos militares de la Marina con metralletas, lámparas y el rostro cubierto con pasamontañas, esto era una pesadilla. “¿Pasa algo? ”, les pregunté. “No, sólo es una revisión de rutina, identifíquense, nada más vamos a revisar la habitación”.

Sólo alcancé a decir que estaba bien, que pasaran. En el tiempo que volteé a la derecha y vi que a mi esposo lo estaban golpeando, me asusté mucho y grité. Todo fue en vano, me vendaron los ojos y me ataron de las manos. Pensaba que posiblemente no eran integrantes de la marina por la manera en el cual me estaban tratando. A mi me golpearon sin descanso.

De repente me sacaron de la habitación y me subieron a un auto, pero a mi esposo no lo subieron conmigo. En tanto circulábamos, los integrantes de la marina me preguntaban si mi esposo y yo trabajábamos para el crimen organizado. 

Esa trayectoria fue el más incierto de mi vida. Llegamos a un sitio adonde yo pensaba ingenuamente que me dejarían, pero no, las cosas se pusieron más intensas; me golpearon cada vez más fuerte, me insultaron, ademas me torturaron psicológicamente. Me llené de terror. Trataron de asfixiarme con una bolsa de plástico, me desmayé algunas veces. 

Posteriormente me azotaron las nalgas con un barrote de una forma muy cobarde, tambien en mi hombro izquierdo, el dolor se hacía cada vez más fuerte. 

Dejaron de golpearme, y me dijeron que me despojara de toda mi ropa. Estando desnuda me ordenaron que entrara a la regadera y en tanto estaba toda mojada sentí la primera descarga eléctrica.

Se reían de mi dolor, me solicitaron que me vistiera luego de haberme dado toques eléctricos hasta que se hartaron. Y todo porque no decía lo que ellos querían escuchar. A las horas asistió una persona que decía: “Habla, marrana, o voy a ir por tus hijas y les cortaré dedo por dedo hasta que me digas todo lo que sabes”. Ahí sentí que el mundo se derrumbaba en mi espalda. 

Ya me habían hecho tanto daño no creí fueran capaces  de hacer tal atrocidad, aun así respondí: “Vaya a mi domicilio ahí se encuentran mi padres, revise todo lo que quiera y se va a dar cuenta que yo no soy lo que usted piensa”. Pero hicieron caso omiso, resultando mas constantes sus intimidaciones y groserías. 

A decir verdad, lo que ya me habían hecho no era nada comparado con lo que estaba por venir. 

Nuevamente me ordenaron que me despojara del pantalón, dentro de mí me decía: Ahora sí seré ultrajada. Jamás imaginé la crueldad que conservan las autoridades y lo sádicas que pueden ser. No les bastó con todo lo que me hicieron, en el momento que me había quitdo el pantalón me sujetaron con fuerza y me proporcionaron toques sobre el área del recto; resultaron tantas veces las que lo hicieron que perdí el entendimiento. Con toques eléctricos me desmayaban y con toques eléctricos me revivían.

Para concluir con broche de oro los integrantes de la marina me pasaban por la cara y la boca sus genitales, aparte de que me pegaban para que abriera la boca y se las chupara. Me tocaban el cuerpo de una forma tan horrible que me cuesta esfuerzo establecer lo que sentí. Así estuve en ese lugar 3 días, sin comer, desangrada, adolorida, con la angustia de no saber si estarían bien mis hijas; sin saber qué le había pasado a mi esposo y con terror de pensar que mi pobre madre estaría devastada por no saber de nosotros.

Presa del pánico y las circunstancias terminé aceptando todo. 

Actualmente ya son sólo recuerdos que día a día se ensombrecen. Han pasado 2 años desde que perdí a mi casa, no he vuelto a ver la carita de mis pequeñas desde aquel trágico día. Estoy pasando por un proceso interminable, acusada de delincuencia organizada y secuestro. De mi príncipe amor sólo sé que habita más cerca de nuestra residencia, prisionero en una cárcel de Coatzacoalcos, Veracruz. 

Mis pequeñas aguantan ansiosas que sus padres regresen pronto. Soy de Veracruz y me transportaron hasta Mexicali. Las posibilidades de recuperar mi libertad son pocas, pero tengo mucha esperanza. Aquí estoy viendo pasar el tiempo y anhelando tener a mis pequeñas entre mis brazos.

Las imágenes de este artículo pertenecen a la suceción Gris y blanco, de Karla Paulina Sánchez.

Retrata a presas del Cereso Femenil de Mexicali. Encima del proyecto, Sánchez se enfocó a trabajar con las mujeres que son mamás.

Desde junio de 2011, el gobierno mexicano empezó a transferir chicas acusadas de vínculos con el creimen organizado desde diversas zonas del país a la prision femenil de Mexicali, Baja California. El programa se comenzó bajo la justificación de mejoramiento de infrastructura de las cárceles a nivel nacional, y desató en el punto más álgido en casos de delincuencia organizada.

Estas mujeres fueron alejadas de sus familias y sus abogados, dificultando su acceso a un juicio equitativo. A tres años de esa entrevista muchas siguen presas en Mexicali, y muchas siguen declarando que son inocentes. Cada una de las chicas de este reportaje relata una lista de abusos y sucesos de tortura por parte de supuestos uniformados acorazados de la Marina o el Ejército. 

Estos relatos son inéditos y no pertenecen a ninguna recomendación ni queja presentada ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). Desde 2006, en el tiempo declaró la guerra crimen organizado en México, las quejas levantadas ante la CNDH en contra la Secretaría de Defensa Nacional (Sedena) o la Secretaría de la Marina han acrecentado cada año. 
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