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El asesinato de un nini célebre en redes evidencia el fracaso de la guerra y el olvido de los jóvenes



Juan Luis Lagunas Rosales, mejor conocido como “El Pirata de Culiacán”, fue un joven que creció, apenas vivió y murió en un México violento, bañado por la sangre de la guerra contra el narcotráfico. Tenía seis años en diciembre de 2006, cuando el entonces Presidente Felipe Calderón Hinojosa abrió “la caja de Pandora”. Cumplió 17 cuando, en los días más violentos del sexenio de Enrique Peña Nieto –y de la historia reciente–, se metieron por la puerta de un bar de Zapopan, Jalisco, y le arrebataron la vida.

Su historia, como la contó en varias ocasiones, estuvo plagada de dolor. Su padre se marchó sin conocerlo. Su madre lo abandonó a su suerte. Tuvo que resistir los “fierros” del mundo desde el día uno y hasta el último, cuando sicarios ingresaron al centro nocturno jalisciense​​​ y le dispararon a quemarropa en al menos 15 ocasiones.

Juan Luis tenía miles de seguidores en las redes sociales; miles le daban “me gusta” a sus comentarios, a las vivencias que compartía. Pero nadie se apareció, al menos hasta la mañana del miércoles, para reclamar su cuerpo en la Fiscalía de Jalisco.

“El Pirata de Culiacán” nació en Villa Juárez, localidad del municipio de Novalato, Sinaloa, entidad controlada y disputada al Cártel de Sinaloa desde hace varios lustros. En ese estado que durante décadas ha sido semillero de jefes e integrantes del crimen organizado. Su abuela lo crió, pero no pudo darle lo necesario para alejarlo de las calles, del trabajo infantil. Era un adolescente cuando se ganó sus primeras monedas lavando carros.



En 2014, cuando tenía 14 años y la edad ya le daba para cursar el segundo año de secundaria, Juan ya había tomado otros caminos, lejos de la educación. No tuvo oportunidad para estudiar, para “traer la papa”, como decía. El acarreo de sillas y mesas acercaron al muchacho a las “pachangas”, al alcohol. Y entonces lo atrapó el mundo de las drogas.

Empezaron, así, a aparecer fotos y videos de él con armas, con botellas, en apuestas, cantando corridos y gritado borracho insultos que le trajeron la fama. Su arrojo y su vida lo llenó de miles de seguidores en sus cuentas de Facebook, Twitter e Instagram. Y así sintió que él, hijo del abandono, tenía sentido.

Y es que el rechazo que sufrió Juan Luis (y que continuó incluso después de su muerte) es uno de los motivos que Juan Martín Pérez García, Director Ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), señala como detonantes para que un niño o adolescente se enfrasque en la cultura del narcotráfico.

De acuerdo con el expecialista consultado, el reconocimiento social, la supervivencia económica, aferrarse de un elemento identitario, crecer en un país en el que los problemas se resuelven a través de las armas, o por miedo y obligación (en estados como Tamaulipas, donde si no aceptas el reclutamiento, tienes dos opciones: el exilio o morir), son otros de los aspectos que terminan por empujar a los jóvenes que “el Estado mexicano está obligado a proteger”. 

MEXICANO POBRE, EN UN PAÍS VIOLENTO

“El Pirata de Culiacán” creció en ese México hostil con los niños, jóvenes y adolescentes: secuestros, desapariciones, homicidios, violencia sexual, matrimonios obligados, crimen organizado, corrupción, pobreza, falta de educación y ausencia de oportunidades. Un país que tiene más de 33 mil registros de personas desaparecidas y 53.4 millones de pobres. Donde ser adolescente de 15 a 17 años de edad, representa 30 por ciento de mayores probabilidades de ser asesinado.

La fama se le asomó con un video, de 2015, en el que luego de beber un “whiskito” pierde el sentido y cae noqueado al piso. A partir de ahí ya no se detuvo: compartió escenario con bandas norteñas, condujo carros del año; recibió dinero (o al menos era lo que él decía) por cada “morro” que lo insultó. Fue arrastrado por policías municipales, protagonizó shows, inhaló cocaína, cantó. Y una noche decembrina, en la víspera de la grabación de “un documental”, fue ejecutado.

“Lo que es super evidente es que el Estado mexicano ha fallado gravemente, particularmente en el estado de Sinaloa, en poder desarrollar un mecanismo de protección especial para adolescentes”, dijo Juan Martín. 

“Es un tema de años, ya se conocía. De hecho se hizo famoso (“El Pirata de Culiacán”) a través de las redes sociales y era claro que era una persona menor de edad. Las autoridades de Sinaloa no hicieron ningún tipo de intervención preventiva o de orientación en lo que parecía un problema de adicción, en su involucramiento con armas (que en redes sociales era evidente)”, detalló. 

El bloguero “tuvo acceso a las puertas de la cultura del narco, pero no a las de la educación, cultura, deporte, recreación, a lo familiar, a lo comunitario”, lamenta Melchor López Hernández, sociólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). 

La condición educativa, social y política van a determinar que los jóvenes sean arropados por “las culturas” del narco, las cuales se presentan en diferentes formas, niveles e intensidades en México, de acuerdo con el académico.

En días pasados, el hoy occiso, en aparente estado de ebriedad, fue grabado vociferando insultos contra Nemesio Oseguera Cervantes, alías “El Mencho’’, otro mexicano que creció junto a la pobreza de una huerta de aguacates, la migración y deportación, la violencia.

Aunque las investigaciones aún no señalan al líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ni a sus allegados como responsables del crimen, medios nacionales y locales han puesto atención a aquellas palabras de “El Pirata de Culiacán” y en Zapopan, parte del feudo del líder criminal.

“Este caso alarma por la manera en que se hace y la clara impunidad del presunto líder criminal que lo manda a ejecutar. Es una demostración de que tienen dominio territorial, tienen control de la población e impunidad garantizada. Vamos a ver si el Estado de derecho funciona en México, y si se traduce en la aprehensión de los que lo ejecutaron y la identificación de funcionarios vinculados a estos hechos”, determinó el ya citado Pérez García.  

Entre los amigos del menor de edad estaba Beto Sierra, promotor musical, quien le pidió que “se calmara”, que dejara el alcohol, del cual el propio joven, en entrevistas previas, ya había mostrado interés en alejarse. 

EL ESTADO ABANDONA 

En 2011, el Comité de los Derechos del Niño de la Organización de las naciones Unidas recordó al Gobierno de México (en ese momento encabezado por Felipe Calderón) que al haber firmado el protocolo facultativo de la infancia en conflicto armado, y en alusión clara a lo que pasaba en México, debía identificar y reconocer el reclutamiento forzado, desarrollar programas para promover la cultura de paz, y tratar a niños, niñas y adolescentes involucrados en actos delictivos como víctimas y no como responsables. Nada de esto se ha hecho en todo el país, mucho menos en Sinaloa, cuna del narcotráfico. 

Fue la noche del lunes 18 de diciembre, tres días después de que la Ley de Seguridad Interior quedara aprobada en el Senado de la República, siete tras la implementación del operativo navideño de Jalisco, cuando Juan Luis publicó un último video. En las escenas utiliza la playera blanca que traía puesta en el momento en que los criminales accionaron las armas para acabar con su vida.

“Es un muchacho, en rigor, que no le hacía nada malo a nadie. Es un chico al que le gustaba hacer desplantes, y es lamentable que lo maten sólo por eso”, dijo Tomás Guevara Martínez, profesor e investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS). 

“La fama me llegó de la nada
una noche que con mis compas pisteaba.
Hasta el suelo fui a parar,
el video se hizo viral,
y a partir de ahí ya mi vida cambiaba.
Esa frase popular
no la vayan a olvidar:
ya se despidió de ustedes
‘El Pirata’ del merito Culiacán”.

“Yo viví la vida como pude,
y le doy las gracias a Dios por lo que tuve.
Cuando niño carecí bastante,
tal vez por eso me hice un poco arrogante.
Es un dicho popular:
el que nunca tuvo nada,
pos el día que llega a tenerlo,
pues se vuelve.
Me pasó algo similar
pero supe disfrutar.
Y aunque mi estancia en esta vida fue corta,
muchos me recordarán”.

Así reza un corrido que circula en redes sociales. La canción describe pasajes de su vida en un México donde 21 mil 345 niños, adolescentes y jóvenes, entre los 0 y 19 años, perdieron la vida entre 2007 y 2016, y en el que sólo 44 por ciento de los jóvenes de 15 a 24 años (7.9 millones de personas) asiste a la escuela.

LA ESTRATEGIA FALLÓ 

Atacar el problema de la violencia con las armas no frenó el derramamiento de sangre, ni lo hará. Para alejar a los jóvenes del narco y acercarlos a las aulas se necesitan otro tipo de medidas, coincidieron los expertos consultados por este diario digital.

“Este caso, de ‘El Pirata de Culiacán’, nos vuelve a recordar no sólo la estrategia absurda y fallida, sino el alto costo que tiene para la vida de niños, niñas y adolescentes”, determinó Juan Martín, de Redim. 

“En nuestro estado (Sinaloa) se trabaja muy poco esta dimensión cultural, y se trabaja más en una política reactiva. Armar a los policías, tener más patrullas, hacer más rondines, poner al ejército en las calles…En fin, una respuesta que se da en el plano de las consecuencias, pero no en el plano de las causas”, explicó el investigador Guevara.

“Ahí nomás quedó”, decía Juan Luis Lagunas Rosales, y la gente la utilizó en su contra. En burla. Sin darse cuenta que no debería ser dirigida al joven occiso, sino a la estrategia que, esa sí, “ahí nomás quedó”…
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