Los mutiladores de Tlaquepaque por el CJNG y sus otras fechorias

- 12:10:00


Me preguntaron si había oído hablar de la racha de octubre. Dije que no. De los mutiladores de Tlaquepaque, insistieron. Me quedé en las mismas.

Había ido a Guadalajara después de dos años de no hacerlo. En mi visita anterior la Zona Metropolitana hervía: mataban en Jalisco a un policía o a un funcionario público cada semana: aparecían fosas clandestinas en todo el estado y constantemente se publicaban noticias sobre levantones y otras calamidades.

Jalisco ocupaba el segundo lugar nacional en desaparición de personas. En un año se habían practicado dos mil autopsias por homicidio.

Eran los días en que el Cártel Jalisco Nueva Generación, CJNG, emboscaba al Ejército y a la Fuerza Única. Acababa de ocurrir lo de Guachinango (cuatro soldados muertos y calcinados en una emboscada) y lo de la carretera Las Palmas-Mascota, donde 15 agentes de la Fuerza Única que se desplazaban en un convoy perecieron entre las llamas ocasionadas por el potente armamento del cártel.

Acababan de matar, en fin, al director de policía de Zacoalco, y de atentar contra el entonces comisionado de Seguridad Pública de Jalisco, Alejandro Solorio.

El CJNG había derribado un helicóptero de la Sedena y realizado 29 narcobloqueos para evitar que su jefe, Nemesio Oseguera, El Mencho, fuera capturado durante un operativo.

Ahora me decían que todo esto se había apagado: “Estamos en paz con ellos, están tranquilizando la ciudad”.

Al llegar al hotel, busqué noticias sobre los mutiladores de Tlaquepaque. Hallé varias notas. Había sido una noticia que tuvo resonancia nacional.

El pasado 17 de octubre, un grupo de desconocidos abandonó a seis personas —cinco hombres y una mujer— en la colonia Solidaridad, en Tlaquepaque. Las seis personas estaban vivas. Les habían cortado las manos a la altura de las muñecas. Para evitar que se desangraran les pusieron torniquetes con alambre galvanizado.

Los desconocidos dejaron también a un hombre muerto por asfixia.

A su lado estaban dos bolsas con las doce manos, y una cartulina en la que se leía: “Esto nos pasó por rateros. Por no respetar mujeres, menores, si con esto no entienden putos roba carros, roba motos, cadenas, celulares, conejeros, en general doble putos, lacras, mata menores. Atentamente Grupo Antiratas”.

Los seis mutilados se hallaban en estado de shock. Fueron conducidos al IMSS y otros centros de salud para que les atendieran sus heridas. Mostraban deshidratación y tenían las costillas fracturadas.

El fiscal del Estado dijo que no se trataba de una “limpia” de ladrones, sino del ajuste de cuentas a una célula de narcomenudistas que no había cumplido con sus pagos: tres de las víctimas, señaló, tenían antecedentes penales, “particularmente por delitos contra la salud”.

Sin embargo, nadie le creyó. El 9 de julio habían aparecido tres cuerpos colgados, y metidos en bolsas, en un puente vehicular de Zapopan. Tenían adheridas unas cartulinas que indicaban que esto había pasado “por robar”. Firmaba el CJNG.

Esa misma noche, otros dos cadáveres con mensajes que anunciaban una limpia de ladrones fueron encontrados en Tlaquepaque.

Antes de que el 9 de julio terminara, un sexto cuerpo apareció en Periférico y Mariano Otero. También estaba en una bolsa y también tenía adherido un mensaje: “Rata”.

La racha de octubre comenzó el día 4 (20 muertes en 24 horas) y prosiguió el día 8 con el hallazgo de dos cuerpos en la colonia Nueva España —justo en el mismo punto en que las autoridades habían encontrado recientemente otros cadáveres.

Todavía el pasado 7 de noviembre, hombres armados llegaron a una finca en una colonia de Zapopan, acribillaron a tres jóvenes y dejaron el mensaje que anunciaba que estaba sucediendo una “limpia”.

A uno de los muertos le dejaron en el pecho un autoestéreo.

Fuentes de seguridad pública estatal confirman que hay una “limpia” de ladrones en Guadalajara. Que una parte de ésta es ordenada por el narcotráfico para evitar que “los raterillos alteren la calma de las zonas donde ha establecido sus ‘tienditas’”, y que otra corresponde a la violencia ejercida contra narcomenudistas que se enrolan de manera intermitente, “y luego quedan mal, y por eso son perseguidos y ultimados”.

En el fin de semana que estuve en la ciudad oí varias historias relacionadas con lo que he contado. Pueden ser ciertas o no. Lo alarmante fue la naturalidad con la que mis interlocutores celebraron que el Cártel Jalisco se haya convertido en la nueva oficina de Seguridad Pública.
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