HERIBERTO LAZCANO SE COMÍA A SUS ENEMIGOS QUE JUNTO A LOS ZETAS PREPARABAN CARNE HUMANA EN TAMALES, POZOLE Y TOSTADAS

- 20:04:00


Juan Sánchez Limón se entrevistó con el reportero J. Jesús Lemus Barajas. Durante la conversación, el reo del penal federal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco, narró escenas llenas de crueldad, casi surrealistas, por el nivel de violencia y horror contenido en las mismas.

El reo era jefe de los Zetas en algunas de las entidades del centro del país. Él controlaba Guanajuato, San Luis Potosí, Aguascalientes, Zacatecas y Jalisco.

Recuerda cómo conoció a Heriberto Lazcano, jefe del grupo paramilitar, cuando ambos formaban parte de la milicia. El líder de los Zetas fue cabo de infantería.

Sánchez Limón no tuvo comunicación con Lazcano durante varios años, posteriormente se reencontraron cuando estaba comisionado en el estado de Durango con el rango de teniente; Sánchez Limón recibió una invitación para unirse al grupo liderado por Lazcano, que funcionaba como cuerpo de seguridad del capo del cartel del Golfo, Osiel Cárdenas Guillén. Eran los años 90's, el ejército le pagaba ocho mil pesos al mes, el Lazca ofrecía 10 mil a la semana, no lo pensó dos veces.

"— ¿Cómo era El Lazca en el trato con ustedes, su gente?

—Es un tipo a toda madre. No anda con chingaderas, es estricto pero benevolente. Muy inteligente, tiene memoria fotográfica, no se le olvida nada y nunca deja a nadie sin darle una respuesta al favor que le pide. Él sabrá cómo le hace pero siempre apoya a su gente. (…)

— ¿Es cierto lo que cuentan de él, que posee un rancho en Laredo, en donde tiene leones y tigres y allí arroja vivos a sus enemigos?


—Ay puto periodista, tú y tus mamadas, todo es imaginación de la gente, no pueden ver a un hombre que crece dentro de la sociedad porque luego lo hacen mito. Al rato van a decir que se come vivos a los niños.

— ¿No es cierto entonces lo que se cuenta del Lazca?

—Sé que tiene un rancho con un zoológico, pero no he sabido que aviente a sus enemigos a los leones; a esos más bien los ejecuta en forma rápida. A sus enemigos más bien se los come él.

— ¿Los tortura mucho…

—No, se los come. Lo que es comer. Tragar pues, paraque me entiendas.

— ¿Come carne humana El Lazca?

—Lo he visto.

— ¿Tú has estado en reuniones donde El Lazca ingiera proteína humana?

—He estado en reuniones en las que luego de enjuiciar a alguien y sentenciarlo a la pena de muerte, antes de ejecutarlo le ordena que se bañe a conciencia, incluso que se rasure todo el cuerpo, y lo deja que se desestrese por unas dos o tres horas; hasta les daba una botella de whisky para que se relajen mejor. Después ordena su muerte en forma rápida, para que no haya segregación de adrenalina y la carne no se ponga amarga ni dura. (…)

— ¿Cómo preparan la carne para comerla?

—He visto que El Lazca le gusta comerla en tamales y cocida en limón, en tostadas, como si fuera carne tártara.

— ¿Qué parte del cuerpo es la que se come?

—Solo la nalga y el chamorro; de allí sacan los bisteces para preparar la comida. Una vez estuvimos en una reunión en la que se juntó a toda la gente; fue en una posada que se hizo en Ciudad Victoria, y esa vez mandó hacer pozole y tamales. Los que colaboraron con la carne fueron tres centroamericanos que se pasaron de listos. A mí me tocó ver cómo los prepararon para ponerlos en el pozole y en los tamales.

—¿Todos los que estaban en la reunión le entraron a la comida de carne humana?

—Todos sabían que era carne humana y yo no vi a nadie que le hiciera el feo al pozole ni a los tamales; incluso los militares que llegaron a la reunión, invitados por El Lazca, le entraron con mucho apetito."

La narración de Lemus sobre Lazcano, se ve reforzada con las declaraciones del reportero Alfredo Corchado, corresponsal en jefe del diario Dallas Morning News en nuestro país, en las que asegura que Miguel Treviño Morales, el capo y líder de los Zetas, es creyente de la santería y realizaba prácticas como comer el corazón de sus víctimas. El objetivo de esta acción era “sentirse más poderosos”.

Lemus Barajas narra estas experiencias en su libro “Los malditos. Crónica Negra desde Puente Grande”. La plática con Sánchez Limón sucedió cuatro años antes de que Lazcano fuera abatido en Progreso, Coahuila, en el año 2012.
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