Estos son los verdaderos capos que se repartieron la "plaza" de la Ciudad de México

- 14:12:00


En 2010 los operadores de los Beltrán acordaron apoderarse de la distribución de drogas en la Ciudad de México.La madrugada del 6 de octubre de 2010 una familia fue asesinada en el Ajusco. Muy cerca de las cuatro de la mañana un grupo de hombres que portaban el uniforme de la Policía Federal irrumpieron en el domicilio de Clemente Sánchez Pérez. Lo mataron a las puertas de su casa.

Luego extrajeron a una mujer y a tres jóvenes y los subieron a una Lincoln Navigator. Eran la esposa y los hijos de Clemente Sánchez Pérez. Los encontraron acribillados a las siete de la mañana dentro de la misma camioneta en la que se los habían llevado.

Adentro había una cartulina firmada por “La Nueva Administración”.

La policía recogió más de 200 casquillos. En el domicilio del crimen había drogas y varias básculas. Los Sánchez Pérez habían sido detenidos cuatro años antes en posesión de cientos de grapas de cocaína. Eran conocidos como Los Oaxacos y manejaban la distribución de drogas al sur de la ciudad.

Su muerte había sido decretada dos días antes en una reunión celebrada en el Pedregal de San Nicolás, en la delegación Tláhuac. A dicha reunión habían asistido viejos operadores del cártel que dirigía Arturo Beltrán Leyva, el Jefe de Jefes.

Beltrán Leyva controló un extenso corredor de drogas que comienza en Acapulco, pasa por Morelos y termina en la Ciudad de México. Sus principales operadores fueron Édgar Valdez Villarreal, La Barbie, y Gerardo Álvarez Vázquez, El Indio.

Pero Beltrán Leyva quedó tendido, en diciembre de 2009, a las puertas de un departamento de lujo en el edificio Elbus, en Cuernavaca.

Sus operadores, La Barbie y El Indio, tuvieron diferencias con los sucesores de Beltrán —en especial con su hermano Héctor, apodado El H—, y decidieron formar su propio grupo, el Cártel del Pacífico Sur.

La organización duró poco. El Indio fue detenido por el Ejército tras una balacera en la que murieron 19 sicarios, en Huixquilucan, Estado de México, el 22 de abril de 2010.

La Barbie cayó en manos de la Policía Federal cuando, según el parte oficial, tres vehículos rebasaron a alta velocidad a una patrulla. La patrulla alcanzó a las unidades y les marcó el alto. Se bajó un hombre fornido, rubio, de tez blanca. Era La Barbie. La fecha de su detención: el 30 de agosto de 2010.

Los operadores de aquel grupo que se hacía pedazos y que, según informes del gobierno federal, se reunieron en el Pedregal de San Nicolás, eran Óscar Osvaldo García Montoya, El Compayito; Emilio Chamorro Almazán, alias El Tejón, así como Mario y Alberto Pineda Villa (hermanos de María de los Ángeles Pineda, la mujer del alcalde de Iguala, José Luis Abarca).

En esa reunión, los operadores de Beltrán acordaron crear una nueva estructura, llamada “La Nueva Administración”, y apoderarse de la distribución de drogas en la Ciudad de México. El pimer paso fue asesinar a los narcomenudistas más relevantes del sur: Los Oaxacos.

De acuerdo con autoridades federales, “La Nueva Administración” no tardó en fracturarse a consecuencia de desacuerdos entre los jefes. Óscar Osvaldo García Montoya, El Compayito, persistió sin embargo en el intento de controlar la capital del país.

Sus incursiones fueron rechazadas por el grupo criminal que ya desde entonces, con la protección de autoridades policiacas, dominaba la capital del país: la Unión Tepito.

García Montoya optó por afincarse en las zonas que ya tenía controladas desde los tiempos de Arturo Beltrán, y en la que había logrado imponerse con la colaboración de un ex agente de la Policía Federal Preventiva, Eznel Cortés Jiménez, El Teniente (detenido en juio de 2010).

Esas zonas eran las delegaciones: Tláhuac, Xochimilco, Milpa Alta, Magdalena Contreras, Tlalpan y Coyoacán.

García Montoya bautizó a su organización con este nombre: La Mano con Ojos, porque según él “todo lo controlaba y todo lo veía”.

La Mano con Ojos fue el germen de lo que hoy llamamos el Cártel de Tláhuac, una organización que logró afianzarse al sur de la ciudad de las únicas dos maneras posibles: a través de la violencia y con la protección de las autoridades.
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